Santosha: el contentamiento

La cosmovisión del Yoga va mucho más allá del trabajo con el cuerpo. De acuerdo a Patanjali, el sabio del cual se nutren todas las escuelas tradicionales de Yoga, los Yamas y Niyamas constituyen la base que sustenta nuestra práctica.

Pero, ¿Qué son los Yamas y Niyamas?

Se podrían considerar como pautas, principios o guías para vivir una vida plena y consciente. Si entendemos el Yoga como un camino hacia la paz interior o la calma mental, cultivar los Yamas y Niyamas es algo fundamental. Constituyen la base de la práctica, y sin cultivar estas virtudes, estas pautas, nuestra práctica se tambalea.  

No se trata de restricciones ni de crear nuevos dogmas de fe. Se trata de cultivar hábitos saludables para nosotros mismos y los demás. Hábitos que favorecen la armonía interna y la convivencia entre semejantes.

Estas pautas no restringen nuestra vida sino que cuando las comprendemos, nos hacen vivir nuestra vida con mayor paz y plenitud. Y están todas bastante interconectadas.

Hoy me voy a centrar en Santosha, el contentamiento.

El contentamiento es el segundo Niyama que sería interesante cultivar. El contentamiento se nutre de la aceptación. Vivimos en un mundo donde cada vez tenemos menos tolerancia a la frustración, y nos complicamos la vida acumulando cosas que no necesitamos. La mayoría de gente vive cada vez mas estresada, con una gran desazón y grandes dosis de frustración. A pesar de tener más de todo y vivir más cómodos que nunca, no sabemos vivir contentos. Siempre nos falta algo…

¿Cómo podemos cultivar el santosha? El contentamiento se nutre de dos cosas: la aceptación y la apreciación, el agradecimiento. Como dice el dicho, «no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita«. Ese refrán nos habla del contentamiento. Pero tampoco consiste en no «tener cosas», sino en aceptar lo que tenemos y lo que nos toca vivir en cada momento. Y en dar gracias por ello, ser personas agradecidas.

No nos damos cuenta de que más de la mitad de la población mundial no tiene acceso a comida, agua potable o a un WC. Nosotros lo damos por sentado. No somos suficientemente agradecidos. No nos damos cuenta. Por tanto, se trata de cultivar la aceptación y la moderación. Se trata de apreciar la vida tal y como viene. Se trata de disfrutar de lo que ya tenemos. Se trata de ser agradecidos con lo que nos toca vivir a cada momento. Se trata de dejar de luchar por intentar cambiar lo que no se puede cambiar. Y como fruto de todo ello, quizás surge naturalmente un estado de contentamiento. Y eso es maravilloso. Yo no quiero ser feliz. Prefiero cultivar el contentamiento.

Se trata de cambiar el foco, la actitud. Centrarse y disfrutar más en lo que tenemos, que en lo que «nos falta». Disfrutar de las pequeñas cosas. Como dice la plegaria de la serenidad, de Reinhold Niebuhr:

Concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia.

Peace out,

Marco

Ilustración de nuestra amiga Claire Masar

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